El estrés que se convierte en fondo de pantalla
Hay personas que llevan tanto tiempo estresadas que ya no lo reconocen como tal. El malestar se convierte en la normalidad: la tensión permanente en el cuello y los hombros, el sueño ligero que nunca termina de descansar, la irritabilidad que aparece antes de lo esperado, la sensación difusa de que algo no está bien pero sin poder identificar exactamente qué.
Eso es el estrés crónico: una respuesta de activación sostenida en el tiempo que, a diferencia del estrés agudo y puntual, no se resuelve con el descanso habitual. Y sus consecuencias sobre el organismo son profundas y documentadas.
¿Qué le ocurre al cuerpo bajo estrés crónico?
Cuando el sistema nervioso percibe una amenaza, activa el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y libera cortisol y adrenalina: las hormonas del estrés. En situaciones puntuales, esta respuesta es adaptativa y útil. El problema es cuando se mantiene de forma crónica.
La exposición prolongada a niveles elevados de cortisol tiene efectos documentados sobre múltiples sistemas del organismo:
- Sistema inmunológico: el estrés crónico suprime la respuesta inmune, aumentando la vulnerabilidad a infecciones y retrasando la recuperación.
- Sistema cardiovascular: aumenta la presión arterial y el riesgo de enfermedad coronaria. La OMS y la OIT han documentado que las largas jornadas laborales se asocian con mayor riesgo de ictus e infarto.
- Sistema digestivo: el eje cerebro-intestino explica por qué el estrés crónico se manifiesta frecuentemente en síntomas gastrointestinales: colon irritable, gastritis, acidez.
- Sistema nervioso: deterioro cognitivo, dificultad para concentrarse, pérdida de memoria a corto plazo.
- Sueño: el cortisol elevado dificulta la conciliación y el mantenimiento del sueño, generando un círculo vicioso de agotamiento.
Estrés laboral: el contexto más frecuente
El entorno de trabajo es el principal generador de estrés crónico en la población adulta. Según el informe de la UGT sobre salud mental y trabajo (2024), el estrés laboral sostenido está directamente relacionado con el aumento de bajas por trastornos mentales y enfermedades somáticas. La sobrecarga de tareas, la falta de autonomía, la inseguridad laboral y los conflictos interpersonales son los principales predictores.
El estrés crónico no desaparece solo
Una de las características más peligrosas del estrés crónico es que el organismo se adapta a él: aprende a funcionar en ese estado de activación como si fuera normal. Por eso, muchas personas no buscan ayuda hasta que el cuerpo «habla» de forma más contundente: una crisis de ansiedad, un problema cardíaco, una depresión.
La intervención psicológica —especialmente desde el enfoque cognitivo-conductual— es eficaz para identificar las fuentes de estrés, cambiar los patrones de interpretación que lo amplifican, entrenar habilidades de regulación emocional y fisiológica, y rediseñar hábitos y rutinas que permitan al organismo recuperarse.
FDO.: Juan José Barros Contreras
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Referencias
OMS & OIT (2021). Long working hours increasing deaths from heart disease and stroke. Joint news release.
McEwen, B.S. (1998). Stress, adaptation, and disease: Allostasis and allostatic load. Annals of the New York Academy of Sciences, 840, 33-44.
UGT (2024). Informe. Salud mental y trabajo 2024. https://www.ugt.es
Selye, H. (1956). The Stress of Life. McGraw-Hill.
Sapolsky, R.M. (2004). Why Zebras Don’t Get Ulcers. Holt Paperbacks.
